"¡Pues ahí nos veréis!, con una caravana roja y un coche lleno de lunares, viajando de pueblo en pueblo, por Castilla y León, llevando títeres, instrumentos musicales y mucha, mucha ilusión a precio de risa para que el teatro llegue allá donde nos llamen. En esta edición superaremos un nuevo reto: conseguir un montón de títeres que ayudarán a sonreir a unas cuantas niñas de Nicaragua..."

martes, 17 de agosto de 2010

Espejo de Tera, (Soria) 14 de Agosto

Espejo de Tera
Cuando, hace unos meses, nos planteábamos el llevar a cabo esta iniciativa, sopesábamos los posibles pros y contras que podía llevar aparejada. En los contras iban los kilómetros, el cansancio, el peligro que conlleva pasarse el día en carretera, la incomodidad de estar varios días lejos de tu gente, de tu cama, de tu baño; en los pros la necesidad de actuar como forma de expresión personal, el conocer sitios nuevos, tratar con gente de todo tipo, la sensación de aventura, de libertad y la posibilidad de ofrecer a todo el mundo algo de diversión y lo mejor de nosotros mismos.
En Espejo de Tera nos hemos realizado absolutamente como personas y los días que hemos pasado allí, nos han reportado un sentimiento profundo de felicidad y de paz que es muy difícil describir con palabras. Vaya por delante que, en la inmensa mayoría de los pueblos donde estamos actuando, la gente se vuelca con nosotros y estamos descubriendo personas y parajes increíbles. Pero en Espejo…ha habido algo más. Ya desde el día en que, en medio de un ensayo, en Valladolid, recibimos un mail de una vecina del pueblo (un besazo Fany) y lo leímos todos juntos, se despertó en los miembros del grupo una profunda simpatía por aquel pueblo donde, tras haberse quedado despoblado en los años setenta, regresaron algunos vecinos con sus familias y, sin agua, luz o cualquiera de los servicios a los que todos estamos acostumbrados, lucharon para conseguir hacer de Espejo un lugar idílico. Y vaya si lo lograron. El entorno es una auténtica preciosidad. Parece como si Dios o un diseñador de espacios de Venus, (que yo en tema creencias no voy a entrar… ¡allá cada uno con las suyas!) hubiera dado la opción al Hombre de seleccionar los elementos naturales del entorno: dos ríos con abundante fauna (truchas, nutrias, cangrejos...), pinares, un monte precioso que enmarca el pueblo, un cielo estrellado que parece que se enciende y se apaga desde un conmutador, en fin: una maravilla.
La fuerza y la esencia de este pueblo radican en los propios vecinos. Hoy son unos cuantos los que allí se reúnen. Durante el invierno quizás no llegan a diez las casas abiertas y a treinta durante el verano. La gran mayoría de los habitantes de Espejo descienden de aquellos hombres y mujeres que abandonaron la fábrica para volver al terruño a costa de sudor, trabajo e ilusión. Abel, Julián, Rufino...los “Colases”, los “Los Santos” y los “La torre” conforman gran parte del entramado familiar del pueblo, aunque después llegaron algunos más, como “Los ambulancieros” o Sergio, Rodolfo, o Ángel y Julia, por citar a alguno, que se sumaron por unos motivos u otros, a establecer una comunidad ejemplar en un entorno de ensueño.
Conseguimos los miembros de Popopopo alinear los astros necesarios para poder acudir en masa a Espejo, a empaparnos de sus fiestas y costumbres durante un fin de semana entero. Quizás una de las mejores decisiones que hemos tomado desde que fundamos la compañía. Sé que me estoy extendiendo si comparamos esta crónica con otras del blog pero necesito, necesitamos más bien, transmitir a todo aquel que quiera leerlo, la experiencia que hemos vivido en Espejo de Tera.
Por aquello de mantener una estructura empezaré hablando de su alcalde, José Ignacio, hijo de Julián y emparentado con la mitad del pueblo, ya que es uno de los “Colases”. José Ignacio (alcalde, todos somos contingente, pero tu eres necesario) es un muchacho prudente y sencillo, de una placidez de espíritu total, quizás algo tímido, que se volcó en hacer nuestra estancia lo más placentera posible. Un ejemplo para cualquier alcalde ya que estuvo siempre al pie del cañón, ya fuera asando costillares y panceta, limpiando la plaza, organizando los concursos, animando las fiestas o preparando sangría. Dejamos, en la figura del señor alcalde, a un gran amigo.
Otro personaje del pueblo, al que no queremos olvidar, es a José Luis, un tío encantador, que nos habló de la lucha vecinal en contra de la feroz especulación inmobiliaria que ha arrasado el país y que, gracias a la unión de los vecinos, encontró en Espejo de Tera una defensa numantina que freno el desarrollo de planes parciales y adosados con campo de golf. José Luis es un muchacho que, desde la sabiduría, ha sabido elegir una vida plena para él y su familia (Ana, eres un sol) y ha cambiado las comodidades de la ciudad por un huerto, un caballo y una bonita puesta de sol.
Queremos también enviar un enorme abrazo a todas las mujeres de la familia “La torre”, Rosa y sus hijas (auténticos bellezones todas) que están sufriendo la triste pérdida del cabeza de familia. Un hombre por lo que cuentan todos los vecinos, ilustrado, inteligente y con mucho mundo, que ha dejado en el pueblo un vacio difícil de llenar. La fuerza de la mirada de sus hijas y la calidad humana de toda la familia, dan fe de lo bien que ese hombre condujo su vida. A todas ellas les mandamos un beso, pero especialmente a Olga, con quien rápidamente se creó un vínculo muy especial ya que es una mujer que no necesita ni hablar, porque desde esos dos ojazos es capaz de decir cualquier cosa, en cualquier idioma. Realmente se puede llegar a querer a alguien en cinco minutos y para toda la vida, háganme caso.
También hay que hacer mención especial del sector fiestero del pueblo, que a todos nos gusta la marcha y de entre el grupo de jóvenes que se juntaron en la fiesta (Fátima, Josué, Álvaro, Lucas, Alba, Jacobo, Lola, Clara...) tenemos que hablar especialmente de “Los ambulancieros”, o sea, Jesús, Vicente y Nacho, tres hermanos que han salido a su padre en lo simpaticotes y buenas personas. Con ellos nos hemos reído a rabiar estos días y tenemos pendientes unas cuantas cervezas, que pagaremos gustosos, en Valladolid, Soria o Wichita si hace falta.
Antes cité casi de pasada a Clara, pero déjenme también que, desde aquí, le deseemos la mejor de las suertes en su experiencia Erasmus en Noruega. Estamos seguros de que los noruegos van a aprender una barbaridad de esta chica tan divertida como original (sus coreografías, su corona de princesa batracia…)
No quiero dejar de escribir y no quiero olvidarme de nadie: de Araceli y su familia que nos acogieron en su casa el último día y nos dieron de comer estupendamente, de Ángel, un bilbaíno estupendo que nos ayudó con la caravana y a quien durante todos estos días hemos visto siempre sonriendo, de Rodolfo, amante de la naturaleza y dueño de la casa rural de Espejo de Tera, siempre con su bota de vino a cuestas.
Espejo es un lugar tan original que, incluso gracias a la mediación y al esfuerzo de Ángel y Julia, han llegado a consolidar un festival de Blues en verano, desde hace ya más de diez años. No se lo pierdan que, además de montar unos conciertos de aúpa, al aire libre, los vecinos de Espejo obsequian a todos los asistentes con asado nocturno ¡y no se cobra ni un euro de entrada! Es normal que, ayer, cuando salimos de Espejo, Laura se fuera llorando y, para que voy a engañarles, se me debió meter algo en el ojo. No sé porque, a mi también se me iban cayendo las lágrimas.
Hemos hecho de todo: beber, comer, tocar, actuar, presenciar un descenso del rio, con ingenios navegables digno de aplauso por lo divertido y lo original, he jugado un partido de futbol entre solteros y casados que me ha reportado agujetas por todo el cuerpo y un dolor en las costillas que anoche me tuvo en el hospital de Aranda hasta las dos de la madrugada, hemos dado un concierto de gaitas y Whistles junto a la hoguera (realmente emocionante y evocador), hemos participado en el particular pasacalles matinal con los vecinos, desayunando y almorzando por las casas del pueblo. En fin, nos lo hemos pasado teta.
Obviamente no se librarán fácilmente de nosotros ya que pensamos volver -si o si- no hay otra. De alguna manera ya nos sentimos un poco vecinos de Espejo y si uno, como dicen, es de aquel lugar donde cuelga su sombrero, suponga que, con más razón, será de aquel lugar donde deja un poco de su corazón.
Gracias FAMILIA de Espejo, por ser como sois y por tratarnos como nos habéis tratado. A todos vosotros (os llevamos en esa pedazo de foto comunal que hizo Alberto) un beso muy, muy grande y el más sentido cariño y reconocimiento de estos humildes titiriteros. No podremos olvidaros. Llevaremos siempre en nuestra caravana el trébol de cuatro hojas que nos habéis concedido.

2 comentarios:

  1. muchas gracias por estas palabras. realmente habeis plasmado la esencia de espejo, un pueblo pequeño, sencillo de gente humilde que nos gusta hacer la cosas bien. cada uno recibe lo que da y vosotros nos disteis mucho tambien, en dos dias os sentimos como de la casa.
    abrazos y besos
    jesus(ambulanciero)

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  2. madre mía, qué pedazo de crónica. no pongáis estas cosas, que así todo el mundo va a querer ir a Espejo y no cabemos! ya sé que este comentario llega un poco tardío, pero yo el año pasado no estuve. en mi opinión sois unos enormes titiriteros, yo me lo pasé genial y ví reir a gente que no es fácil hacer reir a carcajada limpia, niños que se quedaban completamente embobados (sin una tele o una consola parece que hoy en día es difícil) y pasé el miedo más divertido que he pasado nunca. en fin, que espero que sigais haciendo esto que se os da tan bien, llevando la alegría allá por donde vayais.
    besos,
    Patri

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