"¡Pues ahí nos veréis!, con una caravana roja y un coche lleno de lunares, viajando de pueblo en pueblo, por Castilla y León, llevando títeres, instrumentos musicales y mucha, mucha ilusión a precio de risa para que el teatro llegue allá donde nos llamen. En esta edición superaremos un nuevo reto: conseguir un montón de títeres que ayudarán a sonreir a unas cuantas niñas de Nicaragua..."

martes, 16 de agosto de 2011

Villasur de Herreros, Burgos. 16 de agosto de 2011

A Villasur llegamos tras superar ciertos problemas técnicos y tras atravesar la Sierra de la Demanda bajo un sol de justicia y con treinta y ocho grados centígrados en el termómetro del coche.
Tuvimos que posponer la actuación, que estaba programada para las 13,30horas, a las 19horas.
El cansancio, el calor y el pie de Laura se aliaron para ponernos las cosas difíciles, pero Popopopo es mucho Popopopo, así que ni con semejante "triple entente" en contra hubo que suspender la función.
Además, hasta Villasur se acercaron nuestros amigos Tomás y Arantxa, de Arcos de la Llana, a quienes teníamos unas ganas locas de abrazar y con quienes siempre nos sentimos protegidos.
También se acercó hasta Villasur una invitada de de exepción: Raquel (para los seguidores de "laespinillacuandobesa", Mirinda) quien, además de ser una chavala majísima, se ha currado dos títeres preciosos que nos ha enviado desde Madrid y a quien estamos más que agradecidos.
Raquel vino acompañada por una amiga bien simpática, Cristina, a quien desde aquí enviamos un besote enorme.
Con tantos amigos entre el público, se imponía darlo todo y apartar por un momento los malos rollos del día.
Saltamos de la caravana con nuestras faldas y nuestras gorras de flores y tratamos con todas nuestras fuerzas que el espectáculo fuera un éxito y al parecer no salió mal del todo, ya que tanto el público asistente como la organización quedaron contentos con el show.
Al terminar de desmontar, nos tomamos una cañita con los amigos, charlamos un rato, nos pusimos al día de novedades y muy a pesar nuestro y debido al cansancio, un ratito después pusimos rumbo a Valladolid, para descansar lo más posible antes de la siguiente función.
Nos dio mucha rabia declinar la invitación de los vecinos de Villasur, quienes nos ofrecieron compartir con ellos una cena a la que asistía prácticamente todo el pueblo y que tenía una pinta fantástica, pero no siempre están los cuerpos y los ánimos en perfecto estado y aquel día fue uno de esos, en los que no ves más allá de un vaso de leche caliente y unas sábanas limpias.
Lástima.
En ocasiones, el andar en ruta es duro, muy duro, pero siempre compensa.
Besos y abrazos para todos los vecinos de Villasur y para los amigos que hasta allí se acercaron.

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